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lunes, 30 de mayo de 2016

La expresión de la hora

Con frecuencia hallamos en la documentación eclesiástica del medievo que, en la data, se indica la hora de redacción de la misma. Diplomáticamente hablando, esto es un complemento a la datación del día y tiene menos importancia.
Roma dividía el día en doce horas diurnas (desde las 6 a las 18 horas); también agrupaba éstas en períodos de tres horas: la hora prima (las 6 de la mañana), la hora tertia (las 9 de la mañana), la hora sexta (las 12), la hora nona (las 3 de la tarde), la hora vespera (las 6 de la tarde) y el completorium (las 9 de la noche).

La noche, en el calendario romano, estaba dividida en cuatro partes, de tres horas cada una, llamadas vigiliae (turnos de guardia). La primera empezaba a las 6 de la tarde y la última terminaba a las 6 de la mañana.

Fuente: RIESCO TERRERO, A. (editor), 2000: Introducción a la Paleografía y a la Diplomática General. Síntesis. Madrid.

lunes, 23 de mayo de 2016

La expresión del día y la semana: origen

Los babilonios y hebreos adoptaron un ciclo de siete días, independientemente del mes, para medir el tiempo, dando nacimiento a la semana. Al último día de ésta recibió el nombre de “sábado” para los hebreos, mientras que los restantes se nombraron en relación con éste (el viernes era el día anterior al sábado, el lunes era el segundo día después del sábado, etc.).
Fue ya en época romana cuando se asignaron nombres de divinidades para cada día de la semana: sábado (dies Saturni), domingo (dies Solis), lunes (dies Lunae), martes (die Martis), miércoles (dies Mercurii), jueves (dies Jovis) y viernes (dies Veneris). La Iglesia adoptó, con modificaciones en el nombre de los días (al domingo lo llamaron el Día del Señor, dies Domini o Dominica), la semana romana.
Por tanto, la mayoría de los nombres de la semana tienen origen romano y pagano. Desde el siglo II d.C. la Iglesia empieza a utilizar en la documentación otros nombres más acordes al rito y la tradición eclesiásticos. De esta manera, cada uno de los días pasó a llamarse “feria”, excepto el sábado y el domingo. Para distinguirlos, se utilizó un ordinal. Esta semana eclesiástica empezaba, a diferencia de la hebrea, en domingo, que era la feria 1ª. Esta costumbre sigue vigente en Portugal y en algunos pueblos de Galicia.

Fuente: RIESCO TERRERO, A. (editor), 2000: Introducción a la Paleografía y a la Diplomática General. Síntesis. Madrid.

lunes, 16 de mayo de 2016

El ductus en paleografía

Es el orden de sucesión y el sentido de los trazos que componen cada letra, que se indica por medio de flechas. Es un elemento impersonal, ya que la mayor parte de los escribas de una época siguen el mismo ductus, no obstante sirve de gran ayuda para conocer la evolución morfológica de una escritura. Hay que distinguir entre ductus esencial, que se refiere sólo a los trazos de la letra, y el ductus completo, que incluye todos los movimientos de la mano, así como los accesorios y los que no han dejado huella sobre el soporte escriturario. Cabe subrayar que formas distintas pueden tener el mismo ductus, o que, por el contrario, formas muy similares tengan un ductus distinto.




lunes, 9 de mayo de 2016

Tipos de escribanos: de cámara, de hijosdalgo, públicos del número y del concejo (II)

Una vez conseguido el título de escribano del rey, su adscripción a una u otra institución da lugar a diferentes tipos de escribanos:
  • Escribanos de la cámara: en las salas de justicia, ya sea de los Consejos como de las Audiencias y Chancillerías, al servicio de los Alcaldes del Crimen y de los oidores.
  • Escribanos de hijosdalgo: los que actuaban en la salsa de los Alcaldes de los Hijosdalgo.
  • Escribanos públicos del número: los que sólo podían ejercer su oficio en la villa o ciudad a la que estaban asignados por nombramiento real. Cada ciudad tenia un número de escribanos públicos que estaban en función de su importancia y del número de habitantes.
  • Escribanos del concejo: se trata de uno de los escribanos públicos del número de la ciudad o villa, en el caso de que hubiera varios, que durante un año se le nombraba para que ejerciera como escribano del concejo. Entre sus funciones estaba la de asistir a las juntas o sesiones del concejo, redactar los acuerdos tomados en junta y autorizar sus acuerdos y resoluciones. Si la villa sólo tenía un escribano del número, este ejercía ambos oficios.


lunes, 2 de mayo de 2016

Tipos de escribanos: Concepto y requisitos (I)

El término escribano, entendido como el funcionario que ejerce la fe pública, judicial o extrajudicial, desde la Ley del Notariado de 1862, designa al oficial o secretario público que tiene por oficio redactar y autorizar con firma los autos y diligencias de los procedimientos judiciales en los tribunales de primera instancia e instrucción. Anteriormente, se usaban indistintamente los términos escribano y notario.
El nombramiento de los escribanos corresponde a la superior autoridad a partir de la promulgación de las Partidas. Sin embargo, para ser nombrado escribano público, se debían cumplir una serie de requisitos:

  • Capacidad: se trataba de asegurar a través del establecimiento de unas condiciones previas para acceder al oficio, mediante la realización de unos exámenes donde se demostraba su capacidad, y ante unos tribunales que otorgaban las máximas garantías (todo ello bajo control regio).
  • Edad y sexo: la edad mínima para ser escribano era de 25 años. La mujer estaba excluida del ejercicio de oficios públicos.
  • Religión y raza: era necesario ser cristiano, aunque no se especificaba si se tenía que ser cristiano viejo.
  • Condiciones morales: pretendía garantizar la moralidad del servidor del oficio como un elemento que redunde en beneficio de la comunidad.
  • Solvencia: poseer bienes a fin de poder responder de los excesos y culpas que cometiesen en su profesión.
Reunidas estas condiciones y hecho el examen que la ley exigía, se obtenía el título de Escribano Público del Rey o Escribano Real, lo que los capacitaba para ejercer su oficio en todo el reino, salvo donde hubiese escribanos del número, en los reales sitios, en los tribuales de justicia y en aquellas aldeas donde hubiera escribano del número.