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lunes, 25 de abril de 2016

Cartularios

Término tomado del latín chartularium, se define según la COmisión Internacional de Diplomática como "la colección de copias de documentos hecha por una persona física o moral que en un volumen y a veces en rollo, transcribe o hace transcribir íntegramente o en extractos, los títulos relativos a sus bienes y a sus derechos, así como los documentos concernientes a su historia o a su administración para asegurar su conservación y facilitar su consulta". En pocas palabras, es una colección de textos del destinatario.
Los nombres que se usaron para designar estas colecciones fueron muy variados durante la Edad Media y Moderna españolas. Desde la denominación genérica de liber, a la que acompaña un nombre o adjetivo referente a su contenido (libro de donaciones, de testamentos, de fundaciones, etc.) o referente a alguna peculiaridad externa (libro de la cadena), se adoptaron diversas expresiones particulares, propias de determinadas regiones:

  • Becerro: aludiendo a la piel de la encuadernación (León, Castilla y Navarra).
  • Tumbo: aludiendo a su gran tamaño (Galicia)
  • Cabreo o capbrebus (breve cabeza): aludiendo al encabezamiento al que quedan reducidos los documentos de censos, rentas, etc. de estos libros inventarios (Corona de Aragón).
En España, su uso se generaliza durante la baja Edad Media, sobre todo, en monasterios y cabildos, seguidos de instituciones laicas (señores, villas, etc.) y eclesiásticas (parroquias, cofradías), colegios diversos y particulares.

Cartulario del Monasterio de San Salvador de Oña (Burgos)


lunes, 18 de abril de 2016

El papel en la Edad Moderna: las filigranas o marcas de agua.

El papel es un material constituido por una delgada lámina elaborada a partir de pulpa de celulosa, una pasta de fibras vegetales molidas suspendidas en agua a la que normalmente se le añaden sustancias que le proporcionan características especiales.
Los chinos ya fabricaban papel a partir de los residuos de la seda, la paja de arroz, y el cáñamo, e incluso del algodón. En Europa el uso general de la camisa a finales de la Edad Media permitió que hubiera suficiente trapo para fabricar papel.
Para la fabricación tradicional del papel se preparaba una suspensión de fibras en agua y se escurría en un tamiz, de manera que se producía una capa de fibras entrelazadas aleatoriamente. Acto seguido, se eliminaba el agua de esta capa mediante presión y secado.
Se introducía en el interior de un molde rectangular compuesto por una capa reticular, y rodeado de un marco de madera, donde estaban dispuestos una serie de filamentos (vegetales o metálicos) entrecruzados. Los filamentos que van en el sentido de la mayor longitud son los corondeles; los transversales a éstos reciben el nombre de puntizones. Los corondeles suelen estar separados por unos milímetros; los puntizones por varios centímetros.
La filigrana es una contraseña o emblema del fabricante hecha con hilos metálicos, y fijada en el entramado de la forma, bien entre dos puntizones o en uno suplementario. Se suele colocar en una mitad de un bifolio, generalmente su eje vertical es dispuesto en el sentido de los puntizones. Es de una gran utilidad para la historia del papel y también puede servir para fijar o hacer hipótesis aproximadas sobre la edad y procedencia de los manuscritos o de los documentos sin fecha o fechados de forma insuficiente. Tiene forma de figuras humanas, animales, letras, flores o emblemas, entre otros. Se observan al trasluz, allí donde la pasta del papel queda menos espesa.

Dicha técnica se originó en Bolonia (Italia) en 1282, y la usaban los fabricantes de papel para identificar y dar prestigio a su producto. Posteriormente se vio su utilidad como medida de seguridad contra la falsificación.



Fuente: OLIVARES TEROL, Mª. J., 2001: "Breve colección de las marcas de agua en la documentación del Archivo de la Catedral de Murcia", Murgetana, 105, pp- 17-29.


lunes, 11 de abril de 2016

Contadurías Mayores

Estimados lectores, coincidiendo con la reapertura de nuestro Archivo desde el día 6 del corriente mes, retomamos nuestra labor divulgativa. Esta semana explicamos las Contadurías Mayores durante la dinastía Trastámara.
Fueron creadas en los albores del siglo XV -Enrique IV fue el primero en regularlas y los Reyes Católicos las dotaron de Ordenanzas para su funcionamiento-, y eran dos, la de Hacienda y la de Cuentas. Sus miembros eran, además del Contador Mayor, que actuaba a través de lugartenientes, los contadores menores o de los oficios, a la cabeza de las oficinas especializadas dentro de la Contaduría.
La principal actuación del Contador Mayor en el plano documental fue la de participar en la expedición de las Cartas de Privilegio. Asímismo, debían llevar libros específicos para anotar las confirmaciones que se hacían en la Escribanía Mayor de Privilegios; esta misión la llevaba el oficio u oficina de confirmación de privilegios.