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lunes, 24 de noviembre de 2014

Privilegio Rodado

Con motivo de la reciente recuperación de numerosos documentos de época medieval y moderna por la Guardia Civil, en esta entrada vamos a analizar y explicar uno de los más solemnes de entre los recuperados, el Privilegio Rodado.
El privilegio rodado o solemne es un tipo documental de origen carolino que, a partir del reinado de Doña Urraca (1109-1126) y hasta el siglo XIV, se establece, junto a otros tipos documentales, como el modelo a seguir por la monarquía castellana en la promulgación de privilegios y mercedes, concesión de exenciones, franquicias, protección real, etc. El privilegio rodado se caracteriza por estar escrito en pergamino apaisado, por su perfección retórica, gráfica (letra cancilleresca) y plástica (crismones con anagramas litúrgicos: Christus, Christus alpha et omega, y signo rodado pontificio, real, episcopal) y que dan origen a tipos documentales y estilos gráficos que ennoblecen determinados modelos, como acontece con la letra de privilegios y los privilegios rodados. Tienen todas las partes externas (anagramas, signos cuadrados o redondos) e internas en los documentos solemnes, redactadas conforme a las normas retoricas: invocaciones monogramáticas o verbales, intitulaciones reales solemnes del soberano con consorte e hijos y enumeración de reinos y señoríos (expresión de dominio), dirección personal o institucional, notificación universal, exordios moralizantes, narraciones conducentes al dispositivo que expresa la soberanía real, clausulas civiles y económicas, roboración, suscripciones por orden jerárquico (dos columnas de prelados y nobles confirmantes con sus títulos, que flanquean el signo real), en las que figuran gradualmente oficiales de la corte, cancilleres y notarios.
Les dejamos una imagen para que puedan observar mejor esos signos externos:




domingo, 23 de noviembre de 2014

Recuperan documentos robados de época medieval y moderna

Estimados lectores, nos hacemos eco de una noticia que llevábamos tiempo esperando saliera a la luz. Estamos agradecidos al Profesor Don Francisco Marsilla de Pascual, de la Universidad de Murcia, por su labor y lucha para la recuperación de estos y otros documentos que, por diferentes razones, ya no se encuentran entre nuestros fondos. A su inestimable habilidad para la educación universitaria se le suma su gran calidad humana y su afán porque cada Archivo recupere y custodia aquello que, por derecho, le corresponde. También queremos agradecer a la Guardia Civil y, en especial, a la brigada encargada de los delitos contra el patrimonio, su rápida actuación en este asunto.

Aquí os dejamos el enlace de la noticia:



lunes, 17 de noviembre de 2014

El calendario gregoriano

Recibe este nombre en honor al papa Gregorio XIII, quien, el 24 de febrero de 1582, mediante la bula inter gravissimas (y tras de numerosos estudios de una comisión científica formada en el Concilio de Trento), corrigió la duración del año solar en el calendario juliano con respecto al año trópico[1].
En el Concilio de Constanza (1417), en el de Basilea (1434-1437), en el V Concilio de Letrán (1512-1517) y en el Concilio de Trento (1543-1563) se estudió la reforma del calendario juliano. No obstante, es en el último cuando se nombró una comisión de doctas personas, presididas por el cardenal bibliotecario Guillermo Sirleto, encargada de examinar los trabajos científicos del Concilio Lateranense y corregir el calendario juliano en aquello que fuese necesario.
La duración del año juliano es de 365,25 días, mientras que la del año trópico es de 365.2422 días. Esta diferencia anual equivale a 11 minutos y 14 segundos que, en cuatrocientos años, según los años julianos, se convierten en tres días en los comienzos astronómicos de las estaciones. Este error fue detectado en el Concilio de Nicea (325), donde se establece de forma fija la fecha del equinoccio de primavera en el 21 de marzo (25 de marzo en el calendario juliano), porque sirve para delimitar la Pascua, aunque, al no corregirse en dicho concilio la precisión de los equinoccios, el calendario llevaba el adelanto anual citado. Desde el año 325 hasta 1582 habían transcurrido 1257 años (9 días, 19 horas, 20 minutos y 10 segundos de adelanto).
La reforma de Gregorio XIII consistió en suprimir esos diez días en el calendario, pasando del 4 al 15 de octubre de dicho mes. Para evitar futuros errores, reformó el ciclo solar, que comienza en 1601 y concluye en el año 2000. La nueva norma de los años bisiestos se formuló de la siguiente forma y manera: la duración básica del año es de 365 días pero, serán bisiestos (tendrán 366 días) aquellos años cuyas dos ultimas cifras sean divisibles por 4, exceptuando los múltiplos de 100 (1700, 1800, 1900....), de los se exceptúan, a su vez, aquellos que también sean divisibles por 400 (1600, 200, 2400...., que serán bisiestos).
La propagación de esta reforma no fue sencilla, debido a causas religiosas y políticas. En los países católicos fue implantada paulatinamente, mientras que en los estados protestantes la aceptación no llega hasta la primera mitad del siglo XVIII.






[1] El año trópico, año solar o año tropical: tiempo transcurrido entre dos pasos sucesivos del Sol por el equinoccio medio. En otras palabras, tiempo de Primavera a Primavera por ejemplo. Referencia: equinoccio vernal. Las civilizaciones Mesopotámica y Egipcia lograron unos valores muy aproximados al real para el año trópico, sobre todo considerando la escasez de medios de la época.


domingo, 16 de noviembre de 2014

¡Efeméride!

Queridos y estimados lectores y seguidores, hoy estamos de enhorabuena pues hemos alcanzado las 2000 visitas en éste, nuestro blog. Desde el ACM os agradecemos que nos sigáis y os animamos a que continuéis haciéndolo. Por nuestra parte, seguiremos intentando desvelaros todas aquellas facetas dentro del mundo de los archivos que aún siguen a la espera de ser reveladas; además, os contaremos anécdotas, secretos y, por supuesto, novedades que vayan surgiendo.

Gracias de nuevo por vuestro apoyo y confianza depositada.

Un saludo.


lunes, 10 de noviembre de 2014

El calendario romano

El primitivo calendario romano, atribuido a Rómulo, es de origen lunar. El año comenzaba en Marzo y constaba de 304 días, divididos en diez meses de 30 o 31 días. Éste fue reformado por Numa Pompilio: añadió dos meses finales, situados después de diciembre (enero y febrero); y varió la duración de los meses, asignando 28 días a Febrero, 31 a Marzo, Mayo, Julio y Octubre, y 29 a Enero, Abril, Junio, Agosto, Septiembre, Noviembre y Diciembre. Para ajustar este nuevo calendario al ciclo lunar y solar, se intercaló un nuevo mes (mercedonius), entre el 23 y 24 de febrero, cada dos años, con 22 o 23 días. Con esta corrección, quedaba un año cíclico con una duración media de 366 días y medio.
La ultima reforma afectó al inicio del año: en el año 153 a.C. se fijó el 1 de enero la entrada en funcionamiento de los nuevos cónsules elegidos para cada año (esto provocará que el comienzo del año se traslade de Marzo a ésta fecha).
En el año 45 a.C., Julio César y el astrónomo alejandrino Sosígenes reformaron el calendario de Numa Pompilio, dando lugar al calendario solar juliano, cuya duración común sería de 365 días y 6 horas exactas. La reforma se orientó a: suprimir el mes mercedonius, agregando, en su lugar, al año lunar 10 días; a colocar invariablemente el equinoccio de primavera el 25 de Marzo; al cambio del nombre de algunos meses y, por ulimo, a intercalar cada 4 años, entre el 23 y 24 de febrero, un día que se llamó bisiesto (bis sextus), porque el 24 de febrero es la sexta kalenda de Marzo. De este modo, el año bisiesto (annus bissextilis) pasó a tener 366 días, resultando bisiestos todos los años divisibles por 4.


lunes, 3 de noviembre de 2014

Era hispánica

Las eras son períodos indeterminados de tiempo de los que conocemos únicamente el inicio, su única limitación, no el final. Esta limitación se refiere siempre a un acontecimiento importante de carácter religioso o político. Por tanto, las eras son el punto de partida cuyo fin es la medición de los años, numerados a partir de dicho acontecimiento.
La era hispánica, uno de los muchos métodos de datación en la antigüedad, recibe este nombre porque, en la documentación de los estados peninsulares y de la Francia meridional, se emplea durante la Edad Media un cómputo distinto a la era cristiana (la que seguimos actualmente). El comienzo de la era hispánica se sitúa el 1 de enero del año 38 a.C. Aunque su origen es bastante incierto, la opinión mas generalizada es aquella que relaciona esta data con la conquista y pacificación de la Península Ibérica por los romanos, cuyo final se establece en el año 716 de Roma.
Desde el siglo III la era hispánica aparece en epígrafes en la zona astur-cantábrica, aunque su momento de mayor difusión se da con la documentación del periodo medieval. Se introduce en la documentación mediante la formula "era, in era, o sub era", seguida del año, que puede ir en numeración romana. Para conocer su correspondencia con la era cristiana se le restan 38 años a la data del texto.
Su vigencia fue distinta en cada uno de los estados peninsulares: en Portugal deja de usarse en el siglo XV, bajo el reinado de Juan I; en la documentación privada Navarra también llega a esta centuria, no obstante, en la documentación publica deja de utilizarse mucho antes; en el Reino de Aragón, Pedro IV prohibió su utilización desde el año 1350, con la excepción de Valencia, que continuo hasta 1358; y, en el Reino de Castilla y León, la era hispánica fue abolida en las Cortes de Segovia de 1383 y confirmada en las de Valladolid de 1385, durante el reinado de Juan I de Castilla.


Un nuevo récord

Estimados lectores, es una gran satisfacción para nosotros comunicaros que, la semana pasada, alcanzamos los 10000 registros en la base de datos, es decir, que seguimos avanzando en nuestra labor de indición e inventarización de los fondos documentales del ACM. Lo compartimos con todos vosotros y os animamos a que nos visitéis.

Os seguiremos informando.